Palabras del Magistrado del Tribunal Superior de Justicia Ricardo de Jesús Ávila Heredia, orador representante de los tres poderes del Estado en la ceremonia conmemorativa del CIII aniversario de la entrada a la ciudad de Mérida del Gral. Salvador Alvarado.

lunes, 19 de marzo de 2018

Estimados asistentes:

Los poderes públicos de Yucatán nos reunimos en este acto para conmemorar un hecho histórico: la llegada de las tropas constitucionalistas a Mérida en una mañana de marzo del año de 1915 ante la expectación de los habitantes de esta capital yucateca. Llegaba así a nuestra tierra, luego de un retardo de cinco años, una revolución triunfante que habría de modificar a fondo las estructuras económicas y sociales de la sociedad yucateca. Al frente de ese contingente venía un sinaloense que realizó entre nosotros la obra más importante de su vida; un soldado íntegro nacido en Sinaloa y curtido en los campos de batalla del norte; un gobernante visionario que con actos de gobierno realizados en el breve tiempo de casi tres años situó a Yucatán dentro del panorama nacional. Ejemplo de pundonor y disciplina, de ejecutividad y grandeza de miras, puso en movimiento a un pueblo sometido durante el porfiriato. El levantó nuevamente el alma del Mayab eterno, aquel espíritu de nuestro pueblo que habría expresarse después, plenamente, con otro extraordinario gobernante: Felipe Carrillo Puerto.

Por eso, este homenaje es un ejercicio cívico que permite afianzar nuestra identidad, es una rememoración que nos honra como ciudadanos y nos permite, como dijo el Gobernador Rolando Zapata Bello hace algunos días en una ceremonia de entrega de la actualización de la Enciclopedia Yucatanense,  “saber mirar al pasado, para luego mirar al futuro”.

Vale la pena recordar que en febrero de 1915, para combatir a los rebeldes encabezados por Abel Ortiz Argumedo, el General  Alvarado fue nombrado Jefe del Cuerpo del Ejército del Sureste y después de vencer en varios combates ocupó la ciudad de Mérida el 19 de marzo de ese año, llegando a ser gobernador y Comandante militar de Yucatán, cargo que desempeñó hasta los primeros días de 1918, después de haber realizado una obra revolucionaria constructiva y notable.

Salvador Alvarado, como ha señalado Don Jesús Silva Herzog, fue una mezcla de hombre de acción y de idealista, a veces un utópico que pensaba “La sublime religión del pensamiento está en avanzar, en volar alto, en mirar lejos, en ser fuerte, en ser grande”.

En Yucatán su obra abarcó múltiples y diversas áreas, destacando su obra educativa; contrato a una legión de maestros  y creó de más de 550 escuelas, particularmente rurales, además de escuelas para adultos, de agricultura y de artes; además se propuso hacer de cada estudiante, un ciudadano; de cada alumno, un hombre libre y útil, apto para luchar en la vida con eficiente preparación intelectual, como cita el gran poeta Antonio Mediz Bolio en el libro “Alvarado, es el hombre”, escrito bajo el seudónimo de Allan Moe Blein.

Como estadista, no solo convocó al memorable Primer Congreso Feminista en nuestro país, que tuvo lugar en el Teatro “Peón Contreras” de Mérida, sino que promovió actividades y ejerció acciones a favor de la mujer  en pro de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, así como destinó recursos para la educación femenina empleando a mujeres en la administración pública, lo que denota su compromiso para su reivindicación y  lo que fueron los primeros pasos para lograr la igualdad entre el hombre y la mujer. Los logros de esta lucha culminaron en tiempos del presidente Ruiz Cortines que en 1953 hizo efectivo el compromiso de otorgarle el derecho de voto a la mujer mexicana.

Alvarado, un legislador de conciencia, entendió la necesidad de sustentar sus avances en un nuevo marco normativo que reflejara las nuevas realidades que empezaron a vivir amplios sectores de la población. Para ello, expidió durante su gobierno gran cantidad de leyes para cumplir con los postulados de la Revolución. Resultaría imposible detallar todas y cada una de las leyes que prohijó, pero no se puede dejar de mencionar las conocidas como: “Las cinco hermanas” entre las que se encuentran la Ley del Trabajo, que fue la primera en expedirse, además de las leyes Agraria, del Catastro, del Municipio y Hacienda. Es de mencionarse, en forma particular, el Código del Trabajo del Estado de Yucatán, que tuvo a su cargo el licenciado Arturo Sales Díaz, primero de la República Mexicana, expedido por Alvarado con disposiciones sustantivas y adjetivas, de modo que en los conflictos obrero-patronales existiera ley aplicable para dirimir cada contienda mediante un procedimiento a seguir. Esta ley fue precursora del artículo 123 de la Constitución Federal, en cuyos debates sobresalió la figura de Héctor Victoria Aguilar; los decretos que otorgan libertad a la servidumbre rural y la doméstica, sin dejar de mencionar los Códigos Civil, Penal y sus procedimientos y la ley Electoral, como se ha dicho, entre otras.

Quiero dedicar parte de esta intervención a recordar que en enero de este año se cumplieron 100 años de la promulgación de la actual Constitución Política del Estado de Yucatán, iniciativa del General Alvarado, ley fundamental yucateca que incluyó el ideal Alvaradista  sobre el bienestar social, que no se redujo a lo económico y sí abarcó la seguridad social y un cambio de costumbres que afectaban al pueblo yucateco, estableciendo en un dispositivo que los hombres nacen libres y tienen derecho a participar igualmente del bienestar social y con un Estado que debe asumir esa función como esencial.

Como expresara el señor ministro Don Luis María Aguilar Morales, durante su participación en los eventos conmemorativos del Centenario de la Constitución promulgada por Salvador Alvarado: “La Constitución consolida la soberanía que reside esencial y originalmente en el Pueblo, y por tanto, es la máxima expresión de la autodeterminación popular”.

Es así que la centenaria Constitución Yucateca recoge hoy en día, el marco de derechos humanos incluido recientemente en la Constitución Federal, misma que todas las autoridades estamos obligados a respetar y proteger: la prohibición de todo acto de discriminación, así como la composición pluricultural sustentada originalmente en el pueblo maya.

Este documento constitucional importante para la historia de Yucatán, contó con el trabajo de juristas yucatecos como los licenciados Oscar Ayuso y O´Horibe, José Castillo Torre, Pedro Solís Cámara y Arturo Sales Díaz, entre otros; trabajo realizado previamente a la promulgación de la Constitución Federal en Querétaro en 1917, en cuyos debates participaron legisladores yucatecos muy cercanos al gobernador Alvarado, como Antonio Ancona Albertos, Enrique Recio Fernández, Héctor Victoria Aguilar y Miguel Alonso Romero, que se estima por indicaciones del Gobernador defendieron los ideales revolucionarios aplicados en nuestro Estado. Resulta relevante mencionar que el Congreso Constituyente que aprobó la Constitución Local de 1918 fue presidido por Don Héctor Victoria Aguilar, líder ferrocarrilero y tuvo entre sus miembros a Felipe Carrillo Puerto, Manuel Berzunza y Santiago Burgos Brito, entre otros.

Señoras y señores:

La Obra Alvaradista es el inicio en Yucatán de transformaciones sociales, culturales y económicas en beneficio del pueblo yucateco, obra que se agiganta con el tiempo y que hoy, a 103 años de su entrada a Mérida, se refleja en un gobierno conducido con acierto y energía que promueve la armonía social; que impulsa la modernidad de las comunicaciones, tanto terrestres con carreteras y puentes, y la marítima en Puerto Progreso; que promueve inversiones locales, nacionales y extranjeras que crean fuentes de trabajo y con sentido social construye nuevos hospitales que apoyan la salud, y que con la creación y puesta en marcha de nuevas universidades, como la Politécnica y próximamente con la extensión de la Universidad Nacional Autónoma de México, colocan a Yucatán en un lugar muy destacado en el concierto nacional.

Salvador Alvarado nació en Sinaloa, pero puede ser considerado como yucateco por adopción y determinación propia. Lo consideramos nuestro, es benemérito del Estado y así consta en las paredes del Congreso del Estado; soldado, político, gobernante, estadista y reformador social cuya figura se impone con el tiempo. Un hombre que tuvo la virtud de la honestidad y fue ejemplo para todos los servidores públicos.  Recordar su memoria y dar a conocer sus ideales y logros a las nuevas generaciones, es imperativo para que Yucatán siga creciendo, pues las acciones del gobierno no se agotan con las obras materiales sino que esas acciones deben trascender a todos los órdenes sociales, como soñó Salvador Alvarado para los habitantes de Yucatán, un lugar en el que el esfuerzo de su gente sirva para progresar y en el que la libertad, la educación y la justicia impulsen el bienestar social de su población. Un espacio de paz social en el que unidos y en armonía podamos levantar el futuro de nuestro Estado.

¡GRACIAS!

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