Palabras del Señor Licenciado Géner Echeverría Chan, Consejero de la Judicatura del Estado de Yucatán, en la Ceremonia Cívica del CXII Aniversario del Natalicio del Ilustre Yucateco Don Alfredo Barrera Vásquez

lunes, 26 de noviembre de 2012

 

Palabras del Señor Licenciado Géner Echeverría Chan, Consejero de la Judicatura del Estado de Yucatán, en la Ceremonia Cívica del CXII Aniversario del Natalicio del Ilustre Yucateco Don Alfredo Barrera Vásquez

Mérida, Yucatán a 26 de noviembre de 2012.

Señoras y señores:

En primer lugar, permítaseme congratular porque hoy nos congrega el 102 aniversario del nacimiento de don Alfredo Barrera Vásquez. Como servidor público, pero sobre todo como yucateco, es para mí un honor poder hacer uso de la palabra en homenaje a uno de los hombres que más ha impulsado la educación y la cultura en Yucatán.

La educación y la cultura, con carácter nacionalistas, volvieron a surgir con fuerza al tiempo que estalló la Revolución mexicana.

En medio de necesidades no resueltas y esperanzas seculares inspiradas en ideales democráticos, de justicia e igualdad, en 1917 regresa de Europa don Alfredo Barrera Vázquez para entrelazar al gran movimiento con las armas de la guerra, otro con las armas aurorales de la educación. Así se gestó el actual modelo educativo, orientado por los nuevos objetivos de las ciencias y de las humanidades.

Con su llegada, se inicia la historia del Yucatán que ahora vivimos, y comenzaron los más reciente estudios de la cultura maya que la han consumado como la gran civilización que fue.

Desde que en 1937 regresó nuevamente de sus estudios en la ciudad de México y España, Barrera Vázquez no dejó de aportar buenas cuentas a Yucatán: dejó su huella en la fundación de la Academia de la Lengua Maya, de la Biblioteca Crescencio Carrillo Ancona y del Instituto de Etnografía, Historia y Bibliografía de Yucatán como proyectos sociales que dieron respuestas a muchas de las grandes demandas educativas y culturales del estado con una generosidad única.

Con la creación del Instituto Yucateco de Antropología e Historia, del Centro de Estudios Mayas y el Centro de Estudios Antropológicos, dejó su marca en el progreso del estado, no sólo como instituciones formadoras de cuadros académicos y veneros de óptimas manifestaciones docentes, de investigación y de difusión de la civilización maya. También, y sobre todo, fue promotor infatigable de la educación, cultura, arte, historia y alfabetización. De ahí que Barrera Vásquez sea, ante todo, un proyecto social.

No eligió entre transmitir conocimiento o producir investigación, entre extender la cultura o preparar profesionales, entre formar élites intelectuales o garantizar la igualdad de oportunidades. Asumió que hay que hacer bien una cosa y otra.

Hoy, cuando la educación se ha vuelto un instrumento más plural para una sociedad que se ha tornado más compleja, el legado de Alfredo Barrera Vásquez es de nuevo objeto tanto de respeto como de admiración.

Señoras y señores:

Todas las historias de éxito son el producto del caminar eterno. Es necesario ver, con todo lo que tenemos y lo que no, por dónde empezamos a trabajar, para que por la vía práctica y no de la teoría, podamos mejorar el modelo educativo.

México es un país joven. El 49.1% de la población tiene menos de 25 años. Por ellos y para ellos debemos ser capaces de construir, con los elementos que tenemos, las modificaciones estructurales necesarias para rentabilizar la posibilidad de enmendar un mejor futuro para esos jóvenes.

Debemos aprender y meditar sobre nuestra educación. La educación y, por lo tanto, el sistema que la sostiene son, precisamente, el amparo para enseñar a los primeros responsables de la educación, los maestros, cómo somos capaces de reinventar nuestra historia.

La educación debe ser uno de los pilares para el progreso de esta República, que deberá conjuntar esfuerzos y convertirse en nuestro verdadero y gran proyecto de nación en los próximos años. Para lograrlo necesitamos más inversión educativa, que es la única capaz de generar beneficios tangibles para todos los mexicanos.

Por muy rígidas que sean las estructuras, debemos aprender a ser flexibles y entender que todo lo que nos provee la evolución educativa y el desarrollo cultural lo convirtamos en la mayor apuesta económica y social de México.

El reto está en que la educación se adapte a los cambios vertiginosos de cada época y que, al mismo tiempo, no desvirtúe su naturaleza ni su misión esencial. Y es que la misión esencial de la educación -independientemente del contexto en que esté inmersa- sigue siendo la misma: la enseñanza, la investigación, y la difusión del conocimiento y de la cultura entre amplios sectores de la sociedad.

Don Alfredo Barrera Vásquez ha cumplido sus primeros 112 años de vida. Marcó de manera decisiva e irreversible el curso de la educación superior en Yucatán, así como el de muchos fenómenos culturales que más impactaron el desarrollo de nuestro estado a lo largo de todo el siglo pasado, y esas repercusiones siguen teniendo vigencia en estos primeros años del nuevo milenio.

Muchas gracias.

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